Retomar el rumbo

No pensé que tuviera tanto tiempo sin escribir en el blog, y veo que ya pasó un año.

He dejado de hacer muchas cosas que me ayudaron a salir de mis peores momentos… y creo que lo estoy resintiendo. Es momento de volver a poner orden en las cosas que se han desacomodado, y a volver a disciplinarme con los hábitos que me ayudaron a mejorar.

Supongo que esto se trata de estarte recordando constantemente lo que debes hacer y no soltarlo nomás por sentirse bien.

Seguimos…

Picos y Valles

Comencé a percatarme de que mejoraba en el momento que me di cuenta que cada vez tenía más días buenos, sobre todo respecto a los peores meses en donde los días que disfrutaba eran casi nulos.

No lo sé, pero supongo que así debe ser. Es decir, la transición es gradual. No iba a amanecer un día alegre y como si nada (aunque eso sería excelente). Ahora tengo más días buenos que malos. Pero son esos malos, los que recuerdan que no se debe tirar el esfuerzo a la basura. Que hay que estar consciente de los síntomas que siguen presentes que en algunos momentos pueden hundir a uno de nuevo.

Tener uno o dos días malos no significa que se está retrocediendo nuevamente, significa que muchas cosas por superar siguen presentes, y son recordatorios para seguirle echando ganas.

Traducir la depresión en arte

A la depresión hay que arrancarle lo poco bueno que nos puede ofrecer, que es, la oportunidad de traducirla en arte.

Seguramente, no hay canciones de desamor que no hayan salido por una depresión. Poesía. Pintura. Dibujo. En mi caso, me pongo a escribir. Escribo pensamientos, cartas a nadie, un blog. Hacerlo, me sirve como desahogo y terapia. Me sirve, includo, para entenderme a mí mismo.

No hay que ser experto para intentarlo. Agarra y un lápiz y raya. Agarra una guitarra e intenta. Compra pinturas y mancha. Tal vez descubras una parte hermosa de ti que no has explorado, y que en el punto de la depresión, no te importa hacerlo y lo revelas.

¿Para qué llorar sobre el colchón cuando puedes hacerlo sobre un lienzo o sobre un piano?

Y de repente, llegan los cambios

Anoche escribí en una libreta, acerca de lo bien que me he sentido en estas semanas conmigo mismo. De cómo me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo:

Me gusto.

Tengo más de un año teniendo que experimentar cambios que han transformado mi ser. Y digo «teniendo que», porque la vida no me dio otra opción.

Han sido meses de esfuerzo, de sufrimiento, de llanto: de picos y valles.Han sido meses de invertir dinero y tiempo en mí. Mucho tiempo de lectura y estudio, y de autoconocimiento y de autoaceptación. Horas y días de soledad, de convivir conmigo mismo.

Llegó la impotencia, llegaron pensamientos de que todo es en vano, y de repente, todo cambió.

De semanas para acá, me di cuenta que mis pensamientos han ido cambiando, a la vez que mis actitudes. Me di cuenta que mi diálogo interior es diferente y que me gusta más estar conmigo, pero lo más importante: que me gusta en la persona que me estoy convirtiendo.

Claro que falta mucho, claro que sigo cayendo y que me falta por aprender y superar, pero hace meses no creí que llegara a sentir un gusto por mí. A decir que me gusto como persona.

Coincidentemente, hoy tengo mejor salud que hace uno, dos o tres años, a pesar de seguir con hábitos pésimos.Siempre me he querido mejor, y hoy, me siento mejor.

Apps para emociones

Sanvello

Desde hace más de un año, conocí una aplicación que se llamaba Pacifica (ahora se llama Sanvello). En ella, registraba cómo me sentía cada día. Comencé a usarla en los peores días de depresión y ansiedad.

Lo que más me gustaba de la aplicación, era que no sólo te preguntaba cómo te habías sentido en el día, sino que podías registrar los sentimientos que habías tenido: ej. nostalgia, impotencia, desesperanza, o por el contrario, registrar que te sentías motivado, enfocado, esperanzado, etc. Dependiendo del estado que pusieras, te ponían una frase, y una dinámica de meditación para apoyarte con tu estado de ánimo. Además, contaba (y cuenta) con una parte de comunidad en donde puedes leer los estados de otras personas, pero realmente nunca utilizo esa sección.

Cuando la aplicación se convirtió a Sanvello, le agregaron otras cosas, aunque la hicieron un poco complicada. Ahora cuenta con más programas de ayuda, elaborados por terapeutas profesionales, y con la sección de «herramientas», en la que categorizan dinámicas de acuerdo a diferentes objetivos.

Esta app la utilizo principalmente durante la noche, antes de dormir, que es cuando los momentos de crisis me han atacado. El único problema es de esta app, es que para poder desbloquear todo, hay que pagar $8.99 USD al mes o una anualidad de $54 USD. Yo pagué la anualidad, porque es mucha la diferencia en el precio.

Daylio

Es una app únicamente para registrar los estados de ánimo durante el día o a través de los días, pero es la mejor en lo que hace.

¿Para qué llevar un registro de los estados de ánimo? Porque te sirve más adelante saber qué tan bien o mal has estado. A veces, siento que he estado muy mal últimamente, y al revisar mis registros, veo que en realidad, no he tenido tantos días malos.

Te permite elegir entre cinco estados de ánimo, pero además, los puedes editar. A cada estado, le puedes registrar además qué actividades hiciste durante el día, y personalizarlas. Por ejemplo, yo tengo seis personalizadas: Valer verga (para cuando pierdo el tiempo en el cel), pendientes varios, terapia, dormir, escribir y pagos.

Después de varios días registrando tus estados de ánimo, puedes ver estadísticas y el registro en diferentes formas. Esta app es gratuita con publicidad y 199 pesos sin publicidad y actividades ilimitadas, aunque seguido la ponen a 99 pesos.

Moodtools

Moodtools es una serie de aplicaciones que están enfocadas en la depresión y la ansiedad. Yo sólo he utilizado dos de las aplicaciones: la de Test de Depresión, y la de «Test de Ansiedad», que en realidad, sólo son herramientas de autoaplicación de los tests estandarizados PHQ-9, para la depresión, y el GAD-7, para la ansiedad.

La procrastinación y la depresión

Lo más chistoso de este post, es que lo llevo procrastinando como cuatro días, al grado, que tengo esos días con las pestañas abiertas de las páginas de referencia que me dieron ideas para escribir al respecto. La palabra procrastinación, aunque personalmente la uso desde hace muchos años, sigue sin ser una palabra tan popular, aunque siento, va aumentando en el uso cotidiano de la lengua. Su significado: dejar para después. ¿Su origen? les recomiendo leer a Gabriel Zaid.

Hay una estrecha relación entre la procrastinación y la depresión. Cuando mi estado de ánimo es elevado, mi energía aumenta, y mis ganas de hacer las cosas también. Son esos momentos altos en los que aprovecho para sacar todos los pendientes acumulados. Sin embargo, cuando me encuentro decaído, o incluso, en un estado medio, pospongo mis deberes y ahogo mis ganas de hacer algo.

Leo en Pijama Surf que la procrastrinación es una forma de autosabotaje. Y claro que lo es.

«En palabras de la profesora de Psicología en la Universidad de Sheffield, Fuschia Sirois, <<no tiene sentido hacer algo que sabes que tendrá consecuencias negativas. Las personas se enganchan en este círculo irracional de procrastinación crónica debido a una incapacidad para manejar estados de ánimo negativos en torno a una tarea>>.»

Yo, con mi título virtual en psicología que me da el padecer depresión por algún tiempo 🙂 , agregaría algo importante: la depresión tiene como consecuencia la falta de concentración, que a su vez, tiene como consecuencia la pérdida de memoria, y la dificultad para tomar decisiones, y es ahí, en la dificultad para tomar decisiones (muchas veces, aun sabiendo qué es lo que quieres) en donde la procrastinación se activa como una herramienta de falsa protección.

Tengo claro también, que la depresión (y los momentos de ansiedad, que van de la mano) se agudizan cuando dejas pendientes en la cabeza. Alguna vez leí que, cada que posponemos algo, no lo podemos borrar de nuestro inconsciente, y eso puede ser causa de estrés, insomnio, etc. Por otro lado, cada que concluimos una tarea, nuestro cerebro la registra como concluida y la deja en el pasado.

La procrastinación también es el efecto de pensar en el confort que da el corto plazo, y no el mediano o el largo plazo. Es darle juego al miedo por la inseguridad que muchas veces tenemos de no estar a la altura de las circunstancias. Es creer, tontamente, que siempre va a haber oportunidad de realizar lo postergado.

Estar abierto a cualquier ayuda

Una de las cosas que, creo, me ayudan un poco en este proceso contra la depresión, es el hecho de que no estoy cerrado a casi ninguna opción que pueda ser de ayuda. Por eso, hace unos días, mi hermana me envió una invitación de un taller que vio en un grupo de FB que se llamaba «Entendiendo la depresión».

El taller se llevó hace dos días. Fue un taller de 2 horas y media al cual acudimos cinco personas. La terapeuta es una señora un poco hippie, muy buena onda, que nos contó su experiencia con la depresión a través de los años. Se expusieron algunos conceptos nuevos para mí, como, por ejemplo, la depresión y el Samsara (ciclo de nacimiento, vida y muerte), y el enfoque budista de que la depresión es una de las energías más dignas que existen. Otras cosas me sirvieron para recordarlas, porque muchos conceptos ya los he visto a lo largo de todo el tiempo en terapia psicológica, como el hecho que la depresión se da cuando perdemos el control de las circunstancias. Además, hubo meditación, que siempre es buena para calmar la mente.

Nunca había acudido a un taller acerca de la depresión. Las terapias a las que he ido, han sido individuales, y el estar ahí, compartiendo, más que experiencias (porque no hubo intercambio de vivencias, sino que el taller fue muy personal), el espacio junto a personas que sabes que pasan por una situación parecida a la mía, me hizo sentir que uno no está solo viviendo esta circunstancia.

El prejuicio de ir al psicólogo

Si tienes dudas sobre acudir a terapia… ¡Hazlo! Busca en Google los psicólogos de tu ciudad. Si tienes alguna crisis, en México, puedes llamar a SAPTEL (Sistema Nacional de Apoyo, Consejo Psicológico e Intervención en Crisis por Teléfono) al (55) 5259-8121.

Argentina es el país que más psicólogos per cápita tiene en el mundo: 200 por cada 100 mil habitantes. México tiene 12 por cada 100 mil. ¿Es mucho o poco? No lo sé. Pero sí muestra, parcialmente, el interés del país por la salud mental respecto a otros países.

He acudido a terapia psicológica en diferentes etapas de mi vida. Esta etapa es, sin duda, la más larga de forma continua. Durante mucho tiempo, he sido testigo y objeto de los prejuicios que hay acerca de las personas que acudimos a terapia, de la terapia, y de los psicólogos en sí. No me sorprende que los haya, pues existen prejuicios alrededor de cada aspecto de la vida, me preocupa que estos, alejen a las personas de buscar ayuda profesional para su salud mental.

Comentarios como «la solución está en ti», «¿estás loco?», «nomás vas a tirar el dinero», «tú eres tu mejor psicólogo», etc. menosprecian el esfuerzo de todas las personas que buscan en la atención psicólogica, ayuda para mejorar su situación mental y emocional. Escucharlas, jode y molesta.

El psicólogo es un profesional que ha estudiado durante años el comportamiento humano, y aunque por defecto, un psicólogo no es un terapeuta, la capacitación para convertirse en psicoterapeuta, definitivamente será una herramienta muy importante para superar cualquier circunstancia personal por la que estés atravesando.

Noches de ansiedad, noches de insomnio

No es raro el no poder dormir bien. Tampoco lo es dormir noche porque la mente sigue con cuerda aunque el cuerpo ya no. No es raro llorar, pensar, querer actuar.

Batallo mucho con el sueño: desde la posición en la que me acuesto, que a veces debe ser en un sentido, y a veces, hacia el otro, hasta el dormir, a veces cobijado, y a veces, destapado, sin importar el clima. Batallo con que es en las noches cuando tengo la energía de terminar muchas cosas que no hice durante el día. Batallo con que es cuando más pega la nostalgia.

Sin embargo, estos días (tres) experimenté algo que nunca había experimentado de esa manera. Una ansiedad extrema en la que tenía que mover las piernas para liberar energía. Una sensación de perder el control de mis piernas justo al empezar a quedarme dormido. Una sensación de dejar de respirar en cuanto cerraba los ojos. Hubo un día que sólo dormí una hora, porque justo cuando estaba a punto de caer, mi cuerpo brincaba para que me despertara. Lo hacía con miedo. Hubo ratos en que sentí que moriría. Son las peores noches que he pasado en los últimos años, o tal vez, en mi vida.

Según leí, en momentos de este tipo de ansiedad, por miedo a no controlar la situación y tu cuerpo, la mente actúa de esta manera, despertándote para que sigas en el control de tus pensamientos, de tu cuerpo y de tu vida. Afortunadamente, esta situación fue en decremento. El primer día fue el peor, y duró casi toda la noche, y al tercero, duró sólo una hora. Los últimos dos días ya he podido dormir bien.

He decidido, para ayudarme a esta situación, salir a caminar en la noche, o hacer un poco de ejercicio. Reducir mi ingesta de café (que en realidad sólo tomo frappuccino) y bajarle al uso del teléfono en la noche. A ver qué tal me va esta semana.

Jim Carrey y la depresión

No sé realmente si Jim Carrey dijo eso, pero la depresión ha sido un tema en los últimos años de su vida, así que es muy probable que sí lo haya dicho. De cualquier forma, esta frase me ha ayudado mucho en los últimos días.

La frase no revela secreto alguno, es algo tal vez lógico, que uno lo sabe, que la psicóloga te lo dice, pero, no sé si sea la forma en que está escrita, el leerla, me dio la motivación necesaria para hacer esas cosas sencillas que, cuando tienes depresión, no tienes las ganas ni la energía para hacer.

Lucho cada día en enderezar mi rutina, en mejorar mis hábitos y reducir mis vicios. No sé si casualmente, estos pasados tres o cuatro días, me he sentido mejor.